El tratamiento tiene por objetivo eliminar los microorganismos potencialmente patógenos que puedan estar presentes en el agua, ya sea esta extraída de pozo, de ríos, canales, o agua almacenada de dudosa pureza.
– Filtrar el agua para eliminar impurezas: esto se puede lograr haciendo pasar el agua a través de toallas de papel, alguna tela limpia doblada en varias partes o algodón en un embudo. Si no cuenta con embudo, cortar la parte superior de una botella plástica, y usarla como embudo.
– Hervir el agua: El agua debe ser hervida al menos 3 minutos. Por hervor se entiende cuando el agua está muy caliente, tanto que “gorgorea”. Siendo así, debe estar al menos 3 minutos “gorgoreando” (no son 3 minutos desde que se empieza calentar).
– Dejar enfriar el agua por lo menos 30 minutos: El agua debe enfriarse antes de agregar el cloro, para que este no se evapore tan rápido.
– 4 gotas de Cloro por Litro de agua: Solo sirve el cloro en una disolución entre el 5 a 6%, sin agentes adicionales, como otros blanqueadores, jabones, perfumes o colorantes. Destaco la clásica “Clorinda” por presentar una concentración de 5.8% de Hipoclorito de Sodio (Sernac)
– Mezclar y dejar reposar el agua clorada de 30 a 60 minutos: Dando así tiempo al químico para que actúe. Si el agua esta tibia, 30 minutos, si se enfrió demasiado dejar 60 minutos.
– Agua de dudosa pureza, sea turbia o transparente se debe tratar de la misma forma.
– Almacenar o beber: El agua recién tratada se puede consumir o almacenar en recipientes bien lavados, ser sellados y etiquetados con la fecha de llenado.

