Para muchos padres es difícil afrontar la partida de sus hijos del hogar y empiezan a padecer depresión, a esto se lo llama ‘síndrome del nido vacío’

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Cuando el periodo de clases termina los ‘hijos pródigos’ vuelvan a casa para pasar vacaciones. Puede ser que muchos jóvenes partieron del hogar familiar a una ciudad nueva para estudiar sus carreras universitarias u otras formaciones académicas. Unos ya son expertos en eso de ‘volver a casa como el turrón’. Para otros serán, las primeras vacaciones largas después de esos primeros meses de estudio cargados de nuevas experiencias, nuevos amigos y nuevos rincones en los que empezaron a construir una nueva vida. Seguro que la experiencia ha sido intensa pero también, , lo es para los padres que se enfrentan, a la salida del retoño por primera vez lejos de su hogar.

Cuando los hijos se van de casa, suele ser un momento complicado en la vida de los padres. En ocasiones, puede desarrollarse el llamado síndrome del nido vacío. Repentinamente, asegura a EL MUNDO Cristina Ruiz Coloma, psicóloga clínica del Centre Médic Teknon y docente del Instituto Superior de Estudios Psicológicos (ISEP), se encuentran solos después de largos años cuidando a sus hijos. Empiezan a experimentar varias emociones como la tristeza, soledad o vacío y la sensación de incertidumbre, como si la vida perdiese su sentido, son difíciles de asumir.

Pero, “estas emociones son relativamente normales y muy frecuentes en las familias y suelen ser pasajeras, se van diluyendo con el tiempo si el proceso de adaptación a la nueva situación familiar se produce correctamente”, añaden Cecilia Martín y Marina García, directoras del Instituto de Psicología y Desarrollo Personal PSICODE de Madrid. También, estas emociones normales se mezclan con otras positivas, como por ejemplo el orgullo de que su hijo estudie, se haga mayor y comience a vivir nuevas experiencias.

Existen, incluso, casos en los que los padres viven la partida de su hijo como una liberación, ya que sienten que cumplen con la meta de enseñarles a volar solos y por fin les llega a ellos el momento de dedicarse a sí mismos. Sea cual sea la situación, “la actitud de los padres ante el hecho de que sus hijos se marchen fuera y se independicen es crucial a la hora de desarrollar o no el síndrome del nido vacío y otros problemas psicológicos (ansiedad, depresión, problemas de pareja, etc.)”, señalan García y Martín.

De repente, todo se echa de menos

Fotograma de la película argentina 'El nido vacío'.

El responsable de la Unidad de Familia del centro de Psicología Centta de Madrid, Eduardo Torres, explica que los familiares, tanto padres como hermanos que quedan en casa, deben organizarse de otra manera para adaptarse a las nuevas rutinas. Para ello es muy importante el trabajo que se haya hecho antes, es decir, justo en el año previo antes de que sus hijos salieran de casa.

De acuerdo al experto, lo ideal sería que se priorice la autonomía del estudiante, tanto en la elección de carrera, o bien en su nueva profesión o ciudad donde desempeñarla. Esto no quiere decir, que no se participe del proceso, pues la participación debe estar dirigida a acompañar al hijo en esta elección y asesorarle en caso de que sea necesario. “Si se equivoca, no se debe catalogar como un error, sino más bien como una fase más de su proceso de crecimiento”, afirma.

Una vez que los hijos se han marchado de casa, “todo se echa de menos”, comentan Martín y García. De pronto, la casa se siente más grande, hay más espacios libres, la nevera está más vacía, etc. Desde este momento, se inicia un periodo de adaptación, de reajuste y de elaboración de nuevos roles y patrones de interacción en la familia.

Según las expertas, si los padres viven este cambio como un abandono o una pérdida, desarrollarán el síndrome del nido vacío y surgirán en ellos las emociones negativas supuestas en una etapa de duelo (tristeza, soledad, sentimiento de vacío, melancolía, etc.). Por ello, es importante vivir el proceso de cambio como algo normal y tomarse el tiempo para que se acoplen.

“Los padres que han fomentado a lo largo de los años la autonomía de los hijos, vivirán mejor este momento”, sustenta Ruiz Coloma. Es decir que ajustarse a la situación será más o menos difícil, de acuerdo a la dependencia que exista entre hijos y padres,.

Reajuste en la estructura familiar

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Se necesita tiempo para adaptarse a la nueva situación. Y este  proceso no sólo tiene que ver con los hijos sino que también determina la relación de la pareja. Cuando los hijos están en casa, muchas conversaciones del día a día tienen que ver con ellos: los deberes, las clases extraescolares, las salidas con los amigos, etc.  Y una vez que deja de existir esa rutina, “la pareja tiene que reinventarse de nuevo y evolucionar al igual que evoluciona la vida de sus hijos haciéndose mayores y adaptarse de una forma positiva al cambio. Si la pareja no se adapta adecuadamente corre el riesgo de romperse, ya que durante muchos años se ha mantenido unida únicamente a través de los hijos”, mantienen las especialistas de Psicode.

Algunos consejos  son los siguientes: comunicarse más, volver a ser amigos además de pareja, retomar los momentos íntimos y revivir la sexualidad en la pareja y buscar actividades de ocio comunes. “Los cambios (aunque sean a mejor) son un elemento estresante para todas las personas y eso afectará a la relación de pareja. Ser pacientes con el otro (si por ejemplo se muestra más irritable), escucharle y acompañarle en esta etapa es fundamental”, mantienen ambas expertas.

Cuando queda algún hijo más en la casa, el impacto de la partida del primero es menor, explica Ruiz Coloma, lo cual favorece la adaptación. Aunque se eche de menos al hijo que se ha ido, el cambio que se produce en casa puede ser positivo. Los padres tienen  más de tiempo disponible que lo  pueden emplear pasando más tiempo con los hijos que aún quedan en la casa. Las entradas y salidas en horarios posiblemente disruptivos, habrán disminuido. Y al haber un miembro menos puede que haya menos discusiones.

“Es muy conveniente fomentar que los hermanos mantengan entre ellos el contacto (ya sea mediante móvil, email, etc) como con visitas, si la edad lo permite. Esta continuidad en el contacto en ese primer momento de separación en sus vidas, les permitirá mantener el vínculo tan importante que supone tener hermanos”, aconseja la especialista.

Compartir los sentimientos de dolor con otros padres en la misma situación y por supuesto no perder el contacto telefónico con los hijos, hacerles visitas, y aprovechar así para conocer más en profundidad la ciudad en la que vive su hijo, es muy importante, añaden Martín y García. Aprovechar los momentos de conversación telefónica para decirle a su hijo cosas positivas, como que le quiere o le echa de menos, pero nunca trasmitirle los sentimientos negativos.

Lógicamente, es fundamental que los padres retomen actividades o inicien otras nuevas (hobbies, paseos, quedadas con gente etc.) para evitar que su estado de ánimo baje y sobre todo para ir desarrollando nuevos roles.

En cualquier caso no hay que olvidar, indica Ruiz Coloma, el síndrome del nido vacío tiene una duración limitada: que varía de acuerdo al tiempo que tarde la pareja en adaptarse a la nueva situación. “El paso del tiempo irá atenuando las emociones negativas, y la distancia puede incluso, en algunos casos, mejorar la calidad de la relación”, concluye.

Fuente: El Mundo.es
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